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Fundación de Fusagasugá PDF Imprimir E-mail
Viernes, 09 de Julio de 2010 03:58

La historia de América Latina se ha contado de manera segmentada, fraccionada, en la que las élites nacionales, provinciales y locales han narrado sucesos en el marco de un positivismo a medias, inmerso en un discurso romántico y con intensiones de constituirse en moderno.  Fusagasugá no ha sido la excepción, pues desde el siglo XIX, principalmente, los mandamases, los dueños del pueblo, nos incluyeron en su historia, a pesar, de todos los muertos, pobres y niños sin padres que deambulan en el Leteo, a la espera de una balsa con un tripulante que escuche sus voces.

Fueron esas mismas élites que buscaron blanquear  este pueblo, pasando por alto el dolor, la angustia y el miedo, de unos indígenas que luego de varios siglos de obligarlos a vivir entre cuatro calles, fueron sacados, sin explicación alguna, mas que la orden del rey, a un lugar que no era suyo y donde terminamos por perderles el rastro.  Aquellos supuestos blancos - ya hablaremos de porque supuestos - son los responsables de un genocidio de almas, delito mayor a la muerte de los cuerpos.  Sin embargo, la ausencia de estudios y las imposiciones de unos cuantos, nos han hecho estar aquí celebrando 228 años de fundación, o ¿debería decir del aplauso a la infamia?

Este conversatorio tiene como finalidad explorar democráticamente uno de los procesos más álgidos en la historia local y que tuvo implicaciones durante el siglo XIX y XX.  Empero, desde fines de los años 70 del siglo anterior se comenzó a diseminar la idea de festejar el cumpleaños de Fusagasugá el 7 de mayo de 1776, luego de la publicación de la Enciclopedia Histórica de Cundinamarca, escrita por Roberto Velandia, y en el marco de una necesidad que tenían los fusagasugueños por saber de su pasado y de evitar las celebraciones que variaban anualmente. Dicha fecha hizo carrera sin más replicas, mientras que los gobernantes de turno ejecutaban programaciones para celebrar aquel hecho histórico, que según algunos era el baluarte de nuestra identidad.  Pero, ¿existió la fundación del pueblo de blancos de Fusagasugá?

Aun cuando la indicación cronológica puede estar ya establecida en la cotidianidad de los fusagasugueños, es preciso hacer algunas aclaraciones para permitirnos entender nuestras raíces más claramente.  Fusagasugá no fue fundada en la fecha anteriormente mencionada.  Esa idea lo que hace es minar el recorrido histórico, dando más importancia a ciertos sucesos que a otros, debido a iniciativas arcaicas y, muchas veces, fuera de contexto.

El Problema

La “fundación” de pueblo de blancos es un problema histórico e historiografico.  Es un problema histórico debido a que afectó profundamente a nuestros antepasados, tanto en sus aspectos materiales o corporales, como espirituales.  Y es un problema historiografico - entiéndase historiografico como el tratamiento de los problemas a lo largo del tiempo y al paso de variadas escuelas de pensamiento -, en razón a la manera y cantidad de veces en que ha sido abordado por quienes hacemos Historia.

Pero lastimosamente todo ese apasionante proceso ha sido limitado a un acta de trazado, olvidando las necesidades humanas que se esconden tras los documentos.  De esta manera se nos presenta la historia, como aquella aborrecida por Nietzsche por su monumentalidad, es decir, no posee vida y mucho menos creatividad en la manera de ser abordada.  En procura de no cometer antiguos errores es necesario identificar el contexto en el que estuvo el 7 de mayo para sustentar la afirmación antes hecha, de la no existencia de fundación, por lo menos en la fecha que se tiene como referente y que hoy nos tiene en este recinto.

El Proceso Fundacional Durante la Colonia

Durante la conquista y el período colonial el fundar era la conjugación de varios procesos, la ausencia de alguno de ellos implicaba la perdida de legitimidad y graves inconvenientes para el desarrollo del conglomerado urbano. Por lo tanto, se hace preciso esbozarlos a continuación en favor de entender la trama del hecho fundacional:

  1. Fundar era un proceso mágico o cosmogónico, debido a que se requería de todo un estudio de la influencia de los astros en el bienestar y futuro de los núcleos urbanos; significando un estrecho dialogo con Dios, en un momento donde lo religioso hace parte fundamental del diario vivir. Sin contar, que el fundador debía realizar toda una escena de apropiación del territorio, al bajarse del caballo, sentar firmemente sus pies sobre la tierra (que verá una nueva forma urbana), sacar su espada y cortar algo de yerba demostrando que ese espacio ya es de alguien y finalizando su actuación con unas enérgicas palabras o una misa donde se recuerda que el fundador no es nada más que un intermediario entre el Rey y el Nuevo Mundo, y que su actuación está respaldado por el Creador.

  2. Era, igualmente, un proceso político debido a que se necesitaba para fundar la autorización del Rey (por medio de capitulaciones), sin ella la legalidad del establecimiento del poblado quedaba en duda. Además, el instaurar núcleos urbanos fue la forma de dominar, ya que se hacía necesario vivir en policía o al sonar de las campanas, por eso, se designaban los sitios para la plaza y la iglesia.  El haber poseído un acto completo de fundación implicaba estar en lo más alto de la jerarquía urbana, la que se componía en su orden de ciudades, villas, parroquias, viceparroquias y pueblos de indios (lugares).

  3. Asimismo, era un proceso económico, ya que se hacía indispensable escoger un lugar donde la riqueza - oro e indios - le permitiera a los españoles no trabajar y a su vez enriquecer sus arcas y las de la metrópoli.  Con la ausencia de este bienestar material, los poblados sencillamente tendían a empobrecerse y por extensión a desaparecer


Proceso Fundacional en Fusagasugá

En el caso de Fusagasugá el proceso de poblamiento urbano estuvo determinado por varias situaciones que conllevaron al cumplimiento parcial de lo esbozado anteriormente y que observaremos a continuación:

  1. Se fracasó en el cumplimiento de las políticas españolas de establecer pueblo de blancos y pueblo de indios al mismo tiempo, en favor de darle futuro a ambos núcleos urbanos.  El intento de construir una ciudad o un espacio para la convivencia de los blancos no tuvo éxito, ya que la pretensión de fundar Altagracia de Suma-Paz padeció del incumplimiento del ritual fundacional ya señalado, pues los nuevos pobladores no poseían la orden de fundar por parte del rey.  Se trataba de un puesto militar de avanzada en la búsqueda de oro, y al no existir, los conquistadores, en su gran mayoría, se marcharon al sur y occidente del país; y, como si fuera poco, se padecía de la ausencia de mano de obra indígena estable, ante la dificultad en su control.  No es en  vano que entrado el siglo XVIII, aparecen todavía quejas referentes a esporádicos ataques a las propiedades de los españoles.  Es factible indicar, además, que los blancos que se quedaron en la zona, eran los más pobres de todo el grupo conquistador, y se dispersaron por toda la región, viviendo en pequeñas estancias y arrendado varias veces las zonas de resguardo para allí cultivar los productos que les daría el sustento.
  2. A pesar del fracaso en la construcción del poblado para blancos, la erección del pueblo de indios continuó y se constituyó definitivamente durante la visita el oidor Bernardino de Albornoz, quien arribó a estas tierras el 5 de febrero de 1592 y de inmediato ordenó que

    “se junte y recojan todos los indios e indias, casados y solteros, que cada uno tuviere sujetos con sus mujeres e hijos e indios e indias de su servicio sin esconde no ocultar ningunos, y los traigan todos ante su merced para que dellos se haga lista e descripción.”

Esta disposición consistía en obligarlos a vivir en torno a una plaza, a la espera de las ordenes dadas por las campanas de una iglesia, y en medio de manzanas y calles lo suficientemente rectas como para que la intención implícita de orden no tuviera dudas.  Así las cosas, entre el 6 y el 13 de febrero se ejecutó la orden impartida.  Este pueblo de indios tendrá importantes implicaciones en la supuesta fundación de 1776, al ser el precedente material y social del pueblo de blancos.  Igualmente, es preciso observar algunas de las características de este poblado, para evitar las interpretaciones que  han primado en la historiografía local y que pretenden, en un intento decimononico, blanquear el pasado fusagasugueño.

  1. Los parámetros españoles para establecer pueblo de indios en términos urbanísticos eran muy parecidos a los utilizados en los pueblos de blancos y que consistían en la utilización de la cuadricula (o damero), donde se designaba un espacio para la plaza y a partir de allí se reproducía el conglomerado urbano por medio de la repetición de esos cuadros, ubicando en torno a ese núcleo central el cabildo, la iglesia y las casas de los personajes más importantes de la región.  Situación que se desarrollo al pie de la letra en el caso fusagasugueño.

  2. Ante la inexistencia de un lugar donde los blancos, que se quedaron luego del fracaso de Altagracia, resolvieran sus necesidades espirituales y materiales, les fue preciso pasar por alto la disposición que prohibía la convivencia en un mismo lugar de indios y blancos. Fortalecer las almas de los creyentes europeos, no sólo se hacía con el hecho de ir a misa y reconfirmar con ello que son hijos de un mismo padre, sino entablar relaciones sociales, propias del ser humano y que eran factibles durante las fiestas - realizadas, también, en el pueblo de indios -, donde nació el amor y con él la ilegitimidad de muchos niños.  Asimismo, necesitaban comprar y vender artículos para su subsistencia y la mejor opción consistía en desplazarse al mercado de Fusagasugá, pues desde periodos prehispánicos era el más nutrido de la zona.

  3. La violación de las normas impuestas por la Corona estaba favorecida por la ausencia de control estatal, ante las dificultades en la comunicación, que se motivaba a su vez por las malas condiciones de los caminos (que podía generar hasta dos días de viaje); la inexistencia de riqueza, de acuerdo a lo entendido durante la colonia y que se traducía en oro: y la ausencia de una amplia mano de obra y por ende, también, de tributarios, ante la constante fuga de los indígenas, ajenos en su tradición a vivir todo el tiempo en un espacio limitado y a las situaciones de policía que ello implicaba.


El establecimiento del pueblo de blancos

La decisión de entregarles a los blancos el espacio habitado por los indígenas durante cerca de dos siglos debe entenderse en su contexto, pues de este modo la fecha adquiere validez y no se limita a ser una más en el repertorio nacional de efemérides ausentes de alma.

En este marco, es factible señalar que en el plano internacional las Reformas Borbónicas,  sucedidas en el siglo XVIII, y que buscaban rehacer el control social y político que la metrópoli había perdido durante dos siglos de dominación (si es que algún día lo tuvo en realidad) y mejorar sus finanzas tras las constantes guerras entabladas con otras potencias europeas, además del gasto desproporcionado en artículos de lujo que elevó de forma considerable la inflación en Europa.  El gobierno Borbón, entonces, procuró reorganizar el Estado y entre las medidas aplicadas se encontraba el reconstituir la organización social (debido a que las normas eran constantemente incumplidas por todas las capas sociales) y aumentar el tributo, para lo cual se promovió reducir los gastos administrativos.

El pueblo de indios de Fusagasugá poseía los atributos necesarios para ajustarse a estos parámetros, debido a las dificultades en la estructura social y la ausencia de tributo considerable, motivado por la disminución de los nativos ante su huida, muerte y mestizaje - ya que los mestizos no eran reconocidos por el Estado y por tanto no tributaban -.  Los costos administrativos (invertidos en obras  publicas, fundamentalmente) y el desbalance con lo recibido, no justificaban la existencia de este conglomerado.

A lo mencionado, se suma la solicitud de los blancos hecha en 1772, la cual  esconde graves problemas en el orden de las emociones, enfocada principalmente en la vergüenza de estos sujetos ante la situación de compartir gran parte de sus derechos con individuos que estaban dominados por ellos.  Pero este factor ha sido limitado, por la historiografía tradicional, al hecho suelto de una solicitud, lo que no tiene nada de trascendental, en cambio si se analiza en el orden de lo psicológico se puede tener otro tipo de lectura.  Las emociones humanas representan una faceta de la condición humana, tan importante como las condiciones materiales, las ideas o las formas de organización social.  No sobra tener en cuenta las dudas, que se hacen cada vez mayores por estos días, sobre las explicaciones “racionales” del mundo por parte de la ciencia moderna.

En este plano los blancos - peticionarios y residentes en la región - lo que hacen es utilizar practicas de superioridad  en procura de cubrir la vergüenza suscitada por tener que compartir actividades cotidianas con seres, muchas veces catalogados como cuerpos sin almas, sin contar la vida de pobres que les correspondió; hubieran, sin duda, deseado vivir como los blancos ricos de otras regiones y con los indios a su completa disposición.  Pero la superioridad es un mecanismo de supervivencia y en esa lucha se suscita la exclusión, que en este caso fue la de los Sutagaos.  Desde luego esta óptica amerita un estudio propio, sin embargo quería cuando menos esbozarla para permitirnos observar luces distintas en nuestro camino e igualmente evidenciar cómo el hecho emocional puede convertirse en un hecho histórico.


El proceso de desalojo indígena

El establecimiento del pueblo de blancos, que en el marco señalado con anterioridad, no es factible clasificar de fundación, tuvo varias etapas que son indispensables para continuar entendiendo lo sucedido el 7 de mayo de 1776:

  1. El Fiscal Francisco Antonio Moreno y Escandón llegó el 29 de diciembre de 1775 a Fusagasugá en cumplimiento de las políticas borbónicas, y encomendado para tales efectos por el Virrey Guirior.  Dicho funcionario, luego de un informe presentado por el corregidor Pedro Pérez de la Cadena, ordenó la extinción de los pueblos de indios de Fusagasugá, Pandi y Tibacuy y el traslado de los naturales a Pasca.  Las palabras de dicho trabajo son muy evidentes:

    “A que se han reducido los muchos pueblos que antiguamente se fundaron en este partido, y se fueron extinguiendo por la minorizacion de indios dimanada sin duda ya de la libertad con que voluntariamente abandonaron sus pueblos, ya de confundirse con la multitud de vecinos y gentes de color agregadas a la feligresado de los mismos pueblos y sus iglesias, de que por concecuencia resulta ser cada día el menor numero de indios y aumentarse el de vecinos de diferentes castas...”

    Lo expresado sustenta con mucha claridad las razones tomadas en cuenta por Moreno y Escandón para su decisión y que se ajustaban a los parámetros borbónicos, pues la disminución de indios y el aumento de mestizos hacía cada vez más difícil para los nativos cumplir con el tributo, debido a que los mestizos estaban por fuera de la jerarquía social reconocida legalmente y por ello no pagan ningún tipo de impuesto.  A lo anterior se suman las violaciones a la ley, al generarse los “vecinos de diferentes castas” - mestizos -, pues ellos eran el resultado de los amoríos entre indígenas y blancos.

    El hecho de escaparse por parte de los indígenas y las dificultades en el pago del tributo no estaban vinculadas únicamente con el proceso de mestizaje, además de ello existía una permanencia, que venía desde antes de la llegada española, y se trataba de las dificultades para cultivar que poseían los Sutagaos, no porque no supieran los procedimientos de la agricultura, sino porque su cultura se había construido sobre la base del intercambio, del comercio, es decir, de obtener gran parte de las cosas necesitadas por medio del truque con los Panches, Pijaos y Muiscas.

    Es por eso, que continuamente aparece en las crónicas y hasta en actuales trabajos, que la comunidad indígena que se asentaba en estas tierras era floja.  Esto es una ligereza y una inadecuada lectura de los cronistas, que no es capaz de observar los procesos de largo aliento, los mismos que Fernand Braudel llamaría de larga duración, y que nos permite observar cómo desde aquellos primeros habitantes de Fusagasugá hasta hoy, el dialogo de los hombres con un entorno natural ha dado como resultado una forma de vida: el comercio, aquella actividad que poco se nota, pero que sin embargo le da alimento hoy a muchos de los habitantes de este municipio de aproximadamente 110.000 habitantes.

  2. Luego de haber establecido la orden de traslado de los indios a Pasca, ya que este poblado era el único de la región que había logrado cumplir con el tributo y conservar una mano de obra relativamente estable en comparación con Fusagasugá, Pandi y Tibacuy, se dispuso que Ignacio Pérez de la Cadena, hermano del corregidor que había presentado el informe que dio piso a las disposiciones de Moreno y Escandón, coordinara la venta de los solares que quedaron vacíos luego del retiro de los nativos.  En este marco, la historia tradicional adiciona un nuevo error, pues cuáles características de fundador - teniendo en cuenta lo mencionado atrás - posee Pérez de la Cadena, cuando él simplemente ejecuta un procedimiento administrativo.  Además, ¿qué iba a fundar? Si como hemos expresado ya existía población desde 1592.  Ustedes pueden darse sus respuestas, empero, la mía es negativa, ni es fundador y mucho menos se funda algo.

    A la anterior consideración debe agregarse que las posiciones que sustentan el 7 de mayo de 1776 como fecha fundacional, no mencionan la inexistencia de una nueva estructura urbana, pues los problemas económicos de los blancos no les permitieron rehacer la iglesia, ni ampliar la plaza y mucho menos las calles, y solamente hasta entrado el siglo XIX, luego de la venta de los ejidos (tierras comunales por excelencia), hecho que provocaría la densificación de la ciudad pues Fusagasugá no tuvo hacia donde extenderse, puede iniciarse el empedrado de la plaza y el alzamiento de un nuevo recinto para la espiritualidad.

    Hacer un acta de repartición de solares, y que nunca fue de trazado, pues todavía hoy las medidas de las manzanas y calles en torno a la plaza y de ésta última permanecen, no significaba fundar, hacer esta apreciación es anacrónico y fuera de contexto.  Sin contar, que es un desconocimiento completo, que tiene serias implicaciones en los imaginarios locales, al establecer fechas sin respaldo y limitar el entendimiento sobre el origen indígena que posee Fusagasugá.Pero todavía más grave es olvidar casi que por completo que las medidas impartidas por el fiscal Moreno y Escandón no fueron aceptadas con docilidad por los indígenas, en cambio suscitaron un ejemplo, que quizá hoy debamos seguir los colombianos, y se trata de la resistencia pacifica que los nativos practicaron ante la violencia de las imposiciones españolas.  Esta situación fue plasmada en documentos, escritos por el cura Francisco Escobar, quien se convirtió en el escribano y defensor de los nativos, y donde se consignó el dolor de un grupo humano que nuevamente se vio obligado a cumplir designios sin ningún sentido para ellos.

  3. El sufrimiento era más que evidente, recordemos que nuestras comunidades indígenas tienen un aprecio singular por la madre tierra, porque la entienden como el germen de la vida.  Pero además, por tener que trasladarse a un sitio con clima distinto y vivir junto a nativos que no eran sus familiares directos - hablo de los descendientes de los Buchipas -.  Se trataba de que los residentes de Pasca los iban a mirar feo y como si fuera poco les dejarían las peores tierras, al fin de cuentas, los nuevos, los Sutagaos, debían moldearse a lo que fuera, frente a la escasez de opciones.

    Esta situación tiene sin duda un carga emocional, que aunque podría asemejarse con lo vivido por los blancos en el sentido de la vergüenza, ésta, en el caso indígena, aparece ante la incongruencia entre lo que son (y por ende todas sus necesidades) y la situación social, que les obliga a desplazarse sin mayores razones y ubicarse en un lugar desconocido; y no porque no lo hayan visto alguna vez, sino porque nunca ha sido suyo simbólicamente hablando.  Es el rompimiento de los códigos sociales y que tendrá como resultado el perderles el rastro.  Tal vez, haciendo un seguimiento de apellidos encontremos entre nosotros descendientes de los Sutagaos, sin embargo, la comunidad como tal, como colectivo, con sus coherencias, difícilmente podrá volver a vivirse por completo.  A pesar de todo ello, algunas de sus construcciones sociales permanecen vivas, ejemplo de esto  es esa capacidad de acoger rápidamente todas las personas y cosas - materiales y espirituales - que gracias a la condición de cruce de caminos llegan todos los días a Fusagasugá.Este proceso de constituir por la vía del derecho el pueblo de blancos se encontró en el siglo XIX con otras realidades, puesto que el afán de los blancos por tener un núcleo urbano exclusivo para ellos no se cristalizó rápidamente con su poblamiento, en cambio, el miedo se apoderó de ellos ante la idea de perder sus estancias si decidían vivir de forma definitiva en el pueblo.  No en vano, a penas en 1784, el explorador Antonio de la Torre y Mirando decía:

  4. “...en la misma falda de la montaña se encuentra la Iglesia de la Parroquia de Fusagasugá a la que acompañan ocho o diez casas que forman una placita, las más de ellas están de prevención para hospedarse sus dueños cuando van a misa los días festivos.  Todos los demás vecinos de dicha feligresía que sin doscientos treinta y siete incluso viudos y solteros con el número de 1.323 almas según el padrón que entregó el alcalde tienen sus habitaciones regadas por los montes y barrancas (algunas de más de cinco horas de camino).”

    A lo expuesto por el viajero se suma el traslado de algunos indios desde Pasca hacia Fusagasugá, en 1802, en favor de colaborar con el poblamiento y el trabajo.  Es factible que muchos nativos tomaran la decisión de regresar y terminaran conformando la masa trabajadora - artesanos y campesinos - del siglo XIX y que sería la base del XX. Pero solamente futuras investigaciones podrán arrojar nuevas luces sobre el paradero de los Sutagaos.


Para Concluir

La presentación de esta ponencia no es un intento de jugar a imponer otra fecha fundacional, se trata de provocar una construcción democrática de los elementos que nos identifican, y evitar el punto de vista trasnochado de entender la identidad como sinónimo de iguales.  Debemos darnos una oportunidad para ponernos de acuerdo alrededor de lo que nos ata física y simbólicamente a Fusagasugá, de lo contrario continuaremos, por ejemplo, con las quejas sobre la ausencia de pertenencia entre los jóvenes, hecho que al fin de cuentas es completamente improductivo y que no nos ha permitido generar trabajos en los que se analicen el complejo ethos del fusagasugueño y la forma cómo se ha construido, entre muchas otras cosas, con esa pretensión se señaló el problema de las emociones por parte de indígenas y blancos, pues ello ofrece un mínimo sustento para introducirnos en la personalidad de los seres humanos que habitaron y habitan este territorio.

Y en cuanto a la fundación, está por anotar que los análisis de la historia tienen mucho más valor que repetir fechas y nombres.  No es en vano, entonces, que celebremos una efemérides donde se sucede un desplazamiento forzoso, y con ello la desaparición de un colectivo.  Sería tanto como si hoy aplaudiéramos esos días en los que los medios masivos de comunicación nos muestran largas filas de familias huyendo de la muerte y dejando gran parte de lo que son en aquellas sillas que no tuvieron tiempo de sacar.  Quizá, sea preferible iniciar una avanzada desde la Administración Municipal y las Instituciones Educativas para provocar que en cambió de celebración, le hagamos una conmemoración a aquellos hombres y mujeres que moldearon este territorio y el cual podemos hoy disfrutar.  De lo contrario continuará deambulando una historia fáctica debajo del brazo, llena de hechos de muy corta duración y exageradamente lineal, y donde el investigador actúa simple y llanamente como un coleccionista de hechos y un castrador de análisis.

Para finalizar son validas las palabras de Eduardo Galeano:

“¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda.  Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la memoria humana se niega a callarse la boca.  El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa.”

Fusagasugá, 7 de mayo de 2004.


Documentos de Apoyo

Acto Administrativo de repartición de solares el 7 de mayo de 1776; documento ubicado en el Archivo General de la Nación, Sección Colonia, Fondo Visitas, Tomo XII, Folios 178-179.

En el valle de Fusagasugá en siete de mayo del presente año [1776], yo Don Ignacio Pérez de la Cadena habiendo practicado las diligencias antecedentes que se han cometido por el Señor Fiscal Protector de este Reino en virtud de real orden de Su Majestad para lo que tengo practicadas varias antecedentes diligencias que constan en el cuerpo de estos autos, y para que tenga efecto arreglado al orden de mi comisión, pasé a efectuar la medida de plaza y solares de este valle en el plan que fue por haberse extinguido en virtud de real disposición de Su Majestad, en cuya virtud tuvo a bien dicho señor reducir y agregar los cortos indios de estos vencidos pueblos al de Pasca, como más numeroso de ellos, quedando el plan al arbitrio de los vecinos para fundar, Villa, Parroquia o lugar comprando cada uno de su solar para su habitación cuyo orden se publicó en concurso de vecinos y con asistencia del Alcalde de ese Partido se medio la plaza con setenta y cinco varas de frente y ciento de largo porque la comodidad del lugar no ofrece otra cara, y en estos términos a los principales vecinos de que se tuvo, atención en la plaza y lugares que pidieron se les vendió y señaló el solar, que, es siguiente.  El primero, que por mí se practicó fue a Don Francisco Labado en el primer cuadro de la plaza, siguiéndose inmediatamente Don Juan Agustín de Castilla e idénticamente con Don Joseph Mogollón en el mismo cuadro, y siguiendo por la esquina de Don Juan de los Barrios, siguiendo a la otra cuadra Mathías Díaz;  en la esquina de la iglesia Francisco Cayzedo y en el que sigue Zavier García y siguiente Don Joseph Fresneda, e idénticamente Félix Ortiz, en cuyos términos se cerró esta diligencia, inter que concurren a solicitar más solares en lo que está prevenido.  Y porque me conste lo firmé con testigos por no haber escribano público ni real.

[firma] Ignacio Pérez de la Cadena
Testigo, [firma] Joseph Mogollón
Testigo, [firma] Miguel Dias


Fragmentos del informe del Fiscal Francisco Antonio Moreno y Escandón, hecho entre 1775 y 1776; documento que fue publicado por el Banco Popular en 1985.

En esta virtud y en la de que sin embargo de la repugnancia que manifiestan los indios a dejar los pueblos donde se hallan establecidos, se hace indispensable reunirlos donde les resulten mayores utilidades en lo espiritual y temporal, pues su mayor bien no consiste en darles gusto y complacerles en lo que por capricho apetecen, sino en obligarlos a los que según razón y justicia les es más provechoso y de menos gravamen a la Real Audiencia, no siendo justo que se grave en pagar estipendios a su doctrinero por solos diez o veinte tributarios, pudiendo con igual o mayor aprovechamiento de sus almas y educación civil y cristiana instruirlos en unidos en un pueblo más numeroso...”

“...mandó que los indios de los pueblos de Fusagasugá, Pandi y Tibacuy se trasladen al de Pasca por ser la cabecera de este Partido y tener mayor número, con tierras abundantes, fértiles para sementeras y crías de ganados, de buenas aguas y temperamento benigno, que produce frutos de tierra fría y templada ... en consecuencia extinguidos los referidos tres pueblos de Fusagasugá, Pandi y Tibacuy se transferirán los indios con todos sus bienes y los ornamentos y demás perteneciente a sus iglesias para colocarse en la de Pasca, donde son trasladados, poniéndose por inventario con separación y claridad en sus libros para que siempre conste.”

Fragmento del memorial elaborado por el cura Francisco de Escobar el 7 de marzo de 1776; documento ubicado en el Archivo General de la Nación, Sección Colonia, Fondo Tierras, Folio 35.

...esta medida [la del traslado de los indígenas] ha causado tan general sentimiento que movido por las lágrimas de estos indios y demás condenados al destierro de su patrio suelo y haber de abandonar sus plantas, que es todo su mayorazgo, o mejor diré su escaso sustento, y sus chozas, que estiman en el grado que otros los mayores palacios, me obligan a postergando mi propio interés, con la agregación de Tibacuy, a procurar consolar su sentimiento... las razones de mayor peso que alegan los indios y que en la realidad merecen toda la atención piadosa de S.A. son: que siendo el temperamento de este pueblo, el de Pandi y Tibacuy muy benigno y templado se les obliga que vayan a vivir a Pasca, que es extremadamente frío... la segunda razón estriba en la oposición que tienen los indios de un pueblo con los de otro, de que nace que no pudiendo sufrir la incomodidad de que los miren como forasteros, que los posterguen en las comodidades del terreno...”

Fragmento del Informe hecho sobre el estado de los caminos por parte de Antonio de la Torre y Miranda al Arzobispo - Virrey don Antonio Caballero y Gongora, el 14 de marzo de 1784; documento ubicado en el Archivo General de la Nación, Sección Colonias, Mejoras Materiales, Tomo 24, folios 636 a 340.

...en la misma falta de la montaña se encuentra la Iglesia de la Parroquia de Fusagasugá a la que acompañan ocho o diez casa que forman una placita, las más de ellas están de prevención para hospedarse sus dueños cuando van a misa los días festivos.  Todos los demás vecinos de dicha feligresía que sin doscientos treinta y siete incluso viudos y solteros con el número de 1.323 almas según el padrón que entregó el alcalde tienen sus habitaciones regadas por los montes y barrancas (algunas de más de cinco horas de camino) y tal cual sabanera próxima a la Parroquia entre la que intermedia una quebrada bastante caudalosa en invierno, y por las muchas piedras de mal paso en verano... Los vecinos de dicha parroquia se aplican a sembrar muy parcamente y esto próximo a sus habitaciones, reduciéndose a muy poco maíz, yuca, arracachas y tal cual mata de plátanos, que con escasez alcanzará para preciosa manutención, y no todos grande e igual proporción; por no ser el temperamento donde tienen sus habitaciones apto para aquellos frutos y no querer separarse para buscarle acomodo y en otra parte, para aliviar su miseria.  Por lo general son muy flojos para cualesquiera trabajo, privándose del mayor interés por no sujetarse a él, que siendo propio de la ociosidad entregarse a los vicios, en ellos predominan (a lo que se ve) el del juego del que resultó una muerte poco antes que yo llegase.”

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